Comunicado: ¿Ya viene ese caos?
Por Rébellion
Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera
Comunicado de la redacción de Rébellion. Los disturbios del 17 de octubre de 2026: análisis y orientación para los revolucionarios patriotas
Los disturbios del 17 de octubre de 2026 exigen un análisis claro para dar una orientación eficaz a nuestra lucha como revolucionarios patriotas.
En primer lugar, el contexto
Lejos de la fantasía de la «convergencia de las luchas interseccionalistas», vemos tres dinámicas que se han unido de manera oportunista.
La primera es la de un movimiento social compuesto por los públicos objetivo de la izquierda —jóvenes de secundaria y universitarios, dirigidos por las instancias de formación de los futuros cuadros de la izquierda, el sector público y la burocracia sindical— que salieron a la calle para manifestarse y plantear reivindicaciones reformistas clásicas, bajo la égida de una France insoumise deseosa de impulsar sus posiciones de cara a las elecciones presidenciales.
La segunda es la de minorías activistas procedentes de los márgenes de la extrema izquierda, de la «ultraizquierda» y de la estela de los Chalecos Amarillos, en su última encarnación, que buscan desempeñar un papel insurreccional mediante la violencia.
La tercera es la de una gran masa de oportunistas provenientes del lumpenproletariado de los barrios marginales, cuyo objetivo es provocar el desorden para facilitar el saqueo de bienes de consumo que puedan alimentar sus actividades ilícitas.
Si bien las fuerzas del orden se vieron efectivamente desbordadas por esta masa, más o menos entremezclada según los movimientos de la multitud, observamos que cada dinámica perseguía sus propios objetivos, sin una estrategia común. Sobre todo, la mayoría de la Francia popular, trabajadora y periférica, que sufre realmente por el aumento del costo de vida y por la política de desmantelamiento de nuestra nación impulsada por la «Macronía», no participa en esta agitación.
Por lo tanto, podemos extraer dos lecciones.
¡Un motín no es una revolución!
El desorden es un medio para que el bloque central se mantenga en el poder aprovechando el miedo de su base electoral: las clases altas, los boomers, los «ganadores de la tecnología». La «Macronía» no es capaz de «restablecer el orden», ya que ella misma ha generado el desorden al implementar su proyecto durante los últimos diez años. Pero sabe que su discurso enérgico aún crea la ilusión —aunque cada vez menos— entre los idiotas que la apoyan para defender sus privilegios.
También sabe que, frente a ella, no hay nada sólido que represente una verdadera alternativa. Las aspiraciones electoralistas, que constituyen las únicas motivaciones del RN y del LFI, no les permiten reunir una mayoría a su alrededor.
La France insoumise se enfrenta a sus propias contradicciones. Al reunir en sus filas el voto de las pseudo-élites burguesas de izquierda y el de una fracción de la «Nueva Francia» procedente de los barrios, está constatando que esta alianza se basa únicamente en una pertenencia común al entorno metropolitano. Sin embargo, las barreras sociales entre estos grupos no les permiten mantener un discurso común. La instrumentalización de la causa palestina constituye, sin duda, una palanca, pero las divergencias entre las motivaciones de unos y otros en su apoyo a esta causa son a veces evidentes.
Estas contradicciones se revelan ahora en la cuestión de la gestión de la violencia. Sin haber liderado el movimiento, LFI buscó inicialmente canalizar las reivindicaciones de la juventud urbana para alimentar su dinámica electoral. Pero rápidamente se vio superada por los elementos más radicales de la izquierda y por la delincuencia que envenena la vida en los barrios marginales, especialmente en torno al control de los tráficos ilícitos que alimentan toda una economía sumergida regida por una lógica ultracapitalista.
Fuera de sus bastiones —universidades, barrios de la clase media bohemia y redes asociativas—, LFI debe correr tras el fenómeno de los disturbios para no quedarse atrás. De este modo, corre el riesgo de ser aplastada mediáticamente si el más mínimo desliz provoca una verdadera tragedia.
La ultrizquierda: eficacia táctica, callejón sin salida estratégico
«La ultrizquierda» —término estúpido empleado por los medios de comunicación, que retoma elementos del lenguaje de los servicios de seguridad— ciertamente ha encontrado, gracias a sus modos de acción y coordinación, un terreno de acción ideal.
Como un veneno en el agua, aprovecha el contexto para atacar los símbolos del Estado y del capital. Si bien esta estrategia puede resultar tácticamente impresionante, no hay que perder de vista que, en el plano estratégico, permanece desconectada de las masas que se agitan a su paso.
Los saqueadores que se agrupan tras ella y se aprovechan de su eficacia no obedecen a ninguna lógica política, sino a una lógica de consumo sin pasar por caja. Una mera oposición a las fuerzas del orden no basta para constituir un proyecto común.
El RN y la unión de la derecha: el punto cero de la acción política
Los discursos y las posturas del RN son totalmente contradictorios. Por eso cuesta creer que las encuestas que lo sitúan en posición de ganar las elecciones presidenciales puedan bastar para convertirlo en una alternativa creíble.
Los defensores de la «unión de la derecha» son aún peores, con sus exhortaciones a volver al orden, alimentadas por los programas de CNews. Nos encontramos aquí en el punto cero de la acción política, entendida como la formulación de un verdadero proyecto para la sociedad.
La Francia popular aún no ha dicho su última palabra
Y, sin embargo, no hay que desesperarse, pues la voluntad del pueblo francés de retomar las riendas de su destino no es un mito. En la Francia popular, productora y periférica, la ira va en aumento. Por el momento, no encuentra la forma de expresarse, pero está muy presente.
Esta Francia no ha elegido participar en el desorden, pero sabe que tendrá que defenderse. Tiene mucho que perder, porque ya casi no le queda nada. Es precisamente eso lo que podría hacer que su revuelta sea tan rápida como violenta.
No se dejará entorpecer ni por los discursos moralistas de la izquierda burguesa ni por los buenos consejos de los derechistas de los programas de televisión. Se lanzará de cabeza a la refriega, como sabe hacerlo desde hace milenios.
El papel de quienes comparten nuestra concepción revolucionaria patriótica es contribuir a esta dinámica. No representamos nada en términos numéricos, pero podemos poner nuestra experiencia al servicio de este cambio histórico.
¡Por eso, unámonos! ¡Organicémonos! ¿Derecha e izquierda? ¡No nos importa! Rechazamos tanto la pseudoprotesta como el verdadero desorden estatal. ¡Queremos una verdadera revolución!
Fuente: https://rebellion-sre.fr/communique-alors-ce-chaos-ca-vient/