Lucian Blaga, filósofo del arraigo y lo trascendente.

Por Jean Galie

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

“Otros, con su luz, sofocan la magia de lo insondable, oculto

en el corazón de las tinieblas, pero yo,

si yo, aumento los arcanos del mundo con mi luz… “

Lucian Blaga. Extracto de un poema titulado: “Yo no aplasto la corola de las maravillas del mundo…”

Si es cierto que la filosofía es la “ciencia de lo universal” (Aristóteles), la “ciencia del mundo entero, de la totalidad única que abarca todo lo que es” (Husserl), también es relevante para los que dicen que esta actitud hacia el mundo, este estilo de creación espiritual, tiene un lugar de nacimiento: la Grecia del siglo VII al VI a.C. Este arraigo de la filosofía entre los helenos tiene esta peculiaridad que ha dio a luz a Europa.

Entendamos con Husserl que Europa tiene “un lugar de nacimiento espiritual”, característico de la humanidad europea, de su figura cultural basada en sus propios principios, y diferente de las sabidurías de otras civilizaciones.

“Sólo la filosofía griega conduce, por su propio desarrollo, a una ciencia en forma de teoría infinita” (Husserl) de la cual la matemática es el modelo original con su correlato de Razón universal, razón por la cual todas las inteligencias pueden participar mientras pueden ponerse de acuerdo sobre algunos principios fundamentales de lógica e incluso moralidad. El destino de esta lógica revelará su naturaleza a través del proyecto cartesiano y leibniziano de una “característica matemática” o “universal” de la que el formalismo lógico-matemático y su aplicación en el mundo informático son vástagos, así como la instrumentalización técnico-científica de la naturaleza.

¿Es éste el resultado necesario del proyecto racionalista de la filosofía? En el nivel ético y político, ¿puede la racionalidad filosófica sólo dar a luz un significado “cosmopolita” (Kant) del cual el globalismo y la ideología de los derechos humanos serían la figura última?

En la línea de grandes autores reacios al universalismo abstracto como Kierkegaard (tema de la subjetividad y la autenticidad), Schopenhauer (tema de la voluntad de vivir y la visión concretamente trágica de la existencia), Nietzsche (crítico de los trasmundos ), o Heidegger (enraizándose en la profundidad del ser), el filósofo rumano, también poeta y dramaturgo, Lucian Blaga ofrece una reflexión ejemplar sobre el hombre como creador de cultura inseparable de su etnia.

En este sentido, el enfoque del filósofo (racional y, por tanto, comunicable en términos de lo universal) está enraizado en el pensamiento de lo particular, por lo tanto, de la existencia creativa y concreta de los pueblos, al tiempo que proporciona un modelo de análisis de lo particular ya que la identidad rumana es hostil a la modernidad.

Un filósofo rumano

La existencia de Lucian Blaga sigue los contornos de los trastornos políticos que afectaron a Europa Central y Oriental durante el siglo XX. Nacido en Lacram, un pueblo de Transilvania perteneciente al Imperio Austro-Húngaro hasta su desmembramiento al final de la Primera Guerra Mundial, estudió en Viena donde se familiarizó con el pensamiento germánico antes de venir a enseñar en la Universidad de Cluj, la capital de Transilvania donde murió en 1961 tras los malos tratos infligidos por la Securitate.

La maduración de su trabajo, en particular la producción de una metafísica de la cultura, tuvo lugar durante el turbulento período de entreguerras en Rumania. El régimen monárquico particularmente corrupto del país se enfrenta tanto a la agitación comunista como a la de los nacionalistas, incluida la famosa Guardia de Hierro del capitán Corneliu Zelea Codreanu, que será asesinado, así como muchos legionarios, siguiendo las órdenes dadas por el rey Carol de Rumanía en 1938. A través de su Weltanschauung, Blaga participa en un movimiento de búsqueda de una espiritualidad propia de Rumanía (algunos piensan que supo marcar el espíritu de Codreanu) (1) del que se hizo eco, por ejemplo, el profesor de economía A.C. Cuza, el filósofo Nae Ionesco, pensadores más conocidos entre nosotros como Mircea Eliade, Emil Cioran o el escritor Panaït Istrati, cuya investigación paradójicamente acompañó la lucha política a veces de forma muy violenta.


El apego a la conciencia mítica y metafísica del pueblo rumano une a la mayoría de estos pensadores. Blaga estudiará la estructura espiritual del arcaico aldeano rumano cuando pronuncie su discurso de recepción en la Academia Rumana el 5 de junio de 1937, conocido y publicado como Alabanza de la aldea rumana. Dirigiéndose a la memoria de sus contemporáneos, evocará “la mitología y la metafísica” que “constituían el marco natural y espontáneo del pueblo” (texto integrado en la Trilogía de la cultura). Agregará que el objetivo de sus estudios en filosofía de la cultura es “resaltar los aspectos estilísticos o categorías de la vida y el espíritu de nuestro pueblo”. Procedente de un horizonte opuesto en el plano político, el escritor socialista y revolucionario Panaït Istrati, autor entre otras cosas, de un libro extremadamente crítico con la URSS, Hacia la otra llama, tras dieciséis meses en la URSS, entre 1927-1928, prestará al final de su vida la misma atención a la defensa del campesino rumano defraudado por la burguesía cosmopolita: “No es el campesino rumano, a pesar de su triste servidumbre de siempre, quien suspira tras el régimen de más allá del Dniéster . Más bien, son ciertos intelectuales necesitados de celebridad, todos los cuales se alimentan de los burgueses” (2).

La singularidad de Blaga radica en la inscripción de esta defensa dentro de una obra filosófica impresionante. Trabajo que continuará después de la liberación del país por parte de los soviéticos y el establecimiento del gobierno socialista. Enseñará en Cluj hasta 1948. A partir de esa fecha, terribles persecuciones contra los opositores rumanos o los supuestamente opositores se intensifican (3), el filósofo es marginado, se convierte en bibliotecario en 1953, renuncia en 1959 a esta función para ser encarcelado varias veces a partir de abril de este año y los años siguientes. Publicó artículos en el periódico del partido en 1960, que bajo una aparente disculpa por el sistema constituyeron una discreta sátira. Pagó con su vida por esta libertad mental y murió el 6 de mayo de 1961 de una fractura de columna causada por sus torturadores.

Una metafísica de la cultura


El filósofo rumano compuso cinco trilogías, tres de las cuales (Trilogía del conocimiento,Trilogía de la cultura y Trilogía de los valores) fueron publicadas durante su vida y dos publicadas parcialmente (Trilogía cosmológica y Trilogía pragmática). No nos corresponde a nosotros cubrir todo este trabajo. Informaremos, muy parcialmente, sobre algunos ejes del pensamiento del autor, principalmente de la Trilogía de la cultura, que puede interesar al lector que se pregunte sobre las fuentes de la identidad europea, de aquí la singularidad cultural rumana.

La teoría de Blaga establece una relación entre lo universal y lo particular, la enseñanza abstracta y el estudio concreto y verificador. “Arroja luz no sólo sobre las estructuras de los seres humanos sino también sobre sus modos existenciales”. El estudio de la primera parte de una antigua preocupación filosófica acerca de la estructura de la mente consciente, pero también del inconsciente en sus relaciones con la segunda (4). El análisis de este último destaca las especificidades étnicas y culturales del hombre, al tiempo que ilustra su creatividad y su modo de existencia ontológico.

El fenómeno del estilo

Sobre las estructuras del ser humano, el filósofo afirma que “las categorías de inteligencia forman, de manera general y algo aproximada, una herencia común e invariable de toda la humanidad a través del tiempo y del espacio. Considerando que las categorías estilísticas del inconsciente que componen un campo o matriz estilística, aunque también están presentes en la mente de cada hombre, tienden a diferenciarse; presentan una inmensa variabilidad tanto en el espacio geográfico como en el tiempo histórico de la humanidad, ya que cambian de una comunidad a otra, e incluso, excepcionalmente, de un individuo a otro”. En otras palabras, para conocer el mundo, la mente consciente tiene un cierto número de categorías (por ejemplo, la relación causal en acción en muchos razonamientos) comunes a todas las mentes y de las cuales la existencia da testimonio de estas verdades objetivas.

Pero, por otro lado, “la mente inconsciente” tiene un complejo de funciones categoriales inconscientes, específicas de tal o cual conjunto étnico-cultural, que le permiten concebir y experimentar la existencia a través de tal o cual “matriz estilística”. Así podemos hablar de un campo estilístico del espíritu europeo occidental, y dentro de él de espíritus regionales, nacionales, locales. Por ejemplo, el espíritu de Europa del Este se identifica con la Europa ortodoxa y bizantina. Pero podemos retroceder aún más buscando factores étnicos. ¡Blaga presentará así la hipótesis de una herencia escita en el naturalismo artístico ruso! De esta forma, serían explicables determinadas particularidades étnico-culturales. Los determinismos estrictamente biológicos no puede explicarlos de manera eficaz. En este punto, el autor coincide con Julius Evola en su análisis de los errores del racialismo biológico, así como en su crítica del concepto freudiano o junguiano del inconsciente. El hombre es cuerpo, alma y espíritu al mismo tiempo. Evola, retomando la Tradición Metafísica, establece una jerarquía que va del cuerpo a la mente, representando esta última al Nous entre los griegos, por ejemplo, es decir, la parte superior del alma. Blaga, en una concepción ligeramente diferente, distingue el alma inconsciente de la mente inconsciente. Freud reconoció sólo la primera; en este sentido no mostró originalidad puesto que Platón ya hablaba de ello. El orfismo también; todo hombre en el camino de la iniciación entró en contacto con este universo caótico para trascenderlo, para purificarlo. Freud, en un espíritu de inversión, invitó al hombre moderno a codearse con él para perderse en él. Él “sólo nos habló de cloaca máxima”. El reduccionismo freudiano hace que lo superior se aleje de lo inferior, ignorando soberbiamente cualquier fenómeno de liberación del mundo condicionado y de la “superconciencia”, como dice Evola.


Blaga, por su parte, define una “noología abismal”, un estudio de las categorías del inconsciente creativo, creador de orden frente al caos anímico que puede apoderarse de ciertos hombres o de ciertos pueblos a veces… el inconsciente puede ser cosmótico, es decir, creador de orden, de organización con sus formas cognitivas particulares, de jerarquía con tal o cual marca axiológica (por ejemplo, el artista europeo valora el infinito cósmico mientras que el artista hindú elige lo contrario al valorar lo infinitamente pequeño).

El inconsciente, por tanto, alimenta el fenómeno dominante de la cultura, el estilo, el entorno permanente en el que vivimos involucrando los diversos horizontes, acentos, actitudes de los pueblos, todos los campos de su actividad. Este inconsciente tiene una “personalidad”, “una propiedad que permite al inconsciente penetrar con sus estructuras, sus ondas y su contenido incluso bajo las bóvedas de la conciencia”, un poco como cuerdas que vibran en simpatía cuando otras cuerdas vibran directamente al contacto con el arco. Así, la estructura estilística de un individuo o de un pueblo lleva la impronta de un complejo inconsciente llamado por Blaga “matriz estilística”. Esta idea es explicada cuidadosamente por el autor que identifica los factores dominantes. Estos explicarán los efectos modeladores de la matriz estilística sobre las obras de arte, concepciones metafísicas, doctrinas científicas, concepciones éticas, sociales… Esto se da bajo las siguientes categorías:

  • el horizonte espacial (infinito, espacio de bóveda, plano…),
  • el horizonte temporal (estallido temporal, cascada, río),
  • la marca axiológica (afirmativa, negativa, neutral),
  • la actitud anabásica, katabásica, neutral,
  • la aspiración formativa (al individuo, al tipo, el elemento primordial).

Sin poder analizar aquí en detalle lo que es objeto de largos desarrollos en la Trilogía de la Cultura, podemos ver claramente la riqueza de las posibles combinaciones entre estas diferentes categorías abismales o categorías del inconsciente. Además, cada elemento en sí puede identificarse como portador de una concepción étnica y cultural más o menos particular. Por ejemplo, el tipo temporal de efusión temporal se experimenta como un ascenso sin límites, sea cual sea el contenido de su evento.

Así, “el correr del tiempo nos aparecerá como un trasfondo o una perspectiva secreta de la cultura y religión hebreas, pero también como un trasfondo para varias metafísicas europeas… La hora del Mesías fue predicha porque el judío, por sus tendencias intrínseco y por su estructura espiritual inconsciente, está claramente orientado hacia el futuro, el judío ha creado un horizonte temporal ascendente de acuerdo con sus datos espirituales inconscientes”.

El evolucionismo darwiniano, el hegelianismo, el positivismo, cierto marxismo comparten el mismo modelo temporal. Agreguemos que existen, históricamente, posibles combinaciones entre las diversas visiones temporales tanto en términos de las filosofías de la historia como de las cosmogonías o teorías científicas. Pero algunas visiones son incompatibles entre sí. La cascada del tiempo enfatiza la dimensión del pasado (en oposición a la efusión de tiempo), el tiempo es distancia del origen, es devaluación (o tiempo invertido como en el mito en la Política de Platón). O cuando Evola concibe, a partir de recuerdos mitológicos, una “Edad de Oro de una humanidad boreal con espiritualidad solar y un carácter magnífico y viril”. Siempre debemos concebir estas estructuras inconscientes como la esencia misma de los pueblos y sus culturas. Así, el horizonte espacio-temporal inconsciente europeo marca con un valor positivo y conquistador su presencia en el mundo. El resultado es un sentido otorgado a la vida del que se deriva directamente un sentimiento particular de destino: “Por todo lo que realiza, por cada acto, por cada paso y cada movimiento importante en su horizonte infinito, el espíritu europeo experimenta una impresión de un desarrollo casi agresivo, una expedición conquistadora. El sentimiento europeo del destino es, por tanto, de carácter anabásico… Toda la historia del europeo con sus cruzadas y colonizaciones, con el descubrimiento de los elementos, con sus inagotables invenciones de estilos y modas, constituye un testimonio elocuente de este vínculo del destino, cuyo campo de práctica abarca varios continentes y muchos siglos”. Compararemos esta evocación con la denominada actitud catabásica opuesta del alma india, que a su vez muestra un movimiento de “retirada del horizonte”. Su vida en el mundo se basa en un sentimiento de abandono, reflejado en una ética de la abstracción, expresada tanto en su metafísica como en su arte.

El factor final en cualquier matriz estilística estudiada por Blaga es la aspiración formativa. El apetito por la forma es inherente a toda la creación humana. Ni una sola cosa técnicamente realizada o simplemente imaginada que no lleve la impronta de una forma con su propia lógica. En efecto, el hombre no se satisface con lo que la naturaleza le ofrece como formas. La aspiración formativa no solo produce formas, sino que también las desarrolla de una manera específica al genio de un pueblo. Por ejemplo, para lo que el autor llama “aspiración a escribir”, la cultura griega antigua nos ofrece una elocuente ilustración:

“Sumergiéndonos en sus raíces en la protohistoria, se vuelve, desde tiempos homéricos, cada vez más dominantes, para culminar en la época del platonismo. Liberada de las escorias telúricas y caóticas del principio, la aspiración a tipificar se va fortaleciendo hasta alcanzar, con las obras de Sófocles, Praxíteles o Platón, una magnificencia incomparable […] La plástica de divinidades ideales que representan en torno a tipos puros y armoniosamente articulados con formas y rasgos esenciales de la belleza orgánica, el ser humano ascendido a fuerza mitológica, acción que, en la tragedia, restaura el sentido típico e idealmente elevado de la vida, o incluso de las vibraciones euclidianas en la sobria arquitectura de los templos de la Acrópolis que constituyen las encarnaciones más famosas de la tendencia a la tipificación”.

El campesino rumano

Es obviamente la cultura rumana querida por el autor la que es objeto del análisis más detallado en Trilogía de la cultura, cuya parte central titulada “El espacio miorítico” ilustra perfectamente la teoría del campo estilístico de un pueblo y sus estructuras espirituales inconscientes. Sin reducir la matriz estilística rumana a una categoría espacial, la filósofa insiste en el complejo inconsciente llamado espacio miorítico que lleva el nombre de una balada popular, Mioritza, que narra la existencia de una corderita dotada de clarividencia y muy apegada a su pastor. ¿Cuál es la relación entre una melodía y una visión espacial inconsciente? Los amantes de la música conocen bien las virtudes expresivas de la música. Nuestro inconsciente puede muy bien expresar por medios aparentemente inadecuados (aquí la música) ciertos horizontes espaciales. ¿Algunas sinfonías de Brückner no te hacen pensar en enormes catedrales góticas? Asimismo, el ritmo de ladoina, música popular rumana, evoca una alternancia de suave ascenso y descenso melodioso, propio de una visión del espacio dominada por la perspectiva de plaï, es decir, por la perspectiva de la alternancia repetitiva de colina y valle resumida por la expresión “infinito ondulado”:

“La visión espacial de los rumanos, el infinito ondulado, está presente no solo en laMioritza, sino también en toda la música popular rumana. La doina y la balada popular rumana tienen la resonancia específica del infinito ondulante que es el plaï”.

El plaï, una pequeña meseta montañosa, proporciona un momento de respiro y equilibrio entre el suave ascenso y el moderado descenso. Este horizonte redondeado y equilibrado se refleja en el ritmo tranquilo, uniforme y ondulado de la danza rumana. Compárese, por ejemplo, “con la loca e insaciable insaciabilidad de la danza rusa tan pegada al suelo que da la impresión de que el bailarín se identifica con la estepa”. Pensemos en el ritmo telúrico de ciertos pasajes del Rito de la Primavera, de Igor Stravinsky. Sin embargo, no se debe cometer el error metodológico de establecer un vínculo unilateral entre el paisaje mismo y el alma de la cultura en cuestión.

En efecto, “el horizonte espacial del inconsciente, aislado de toda contingencia y cristalizado como tal, se adhiere a su identidad sin tener en cuenta las variaciones de las circunstancias externas […] Si admitimos que el alma popular rumana posee un espacio-matriz completamente cristalizado, debemos presuponer que el rumano vive, inconscientemente en el plano, más precisamente en el espacio miorítico, aunque de hecho, y en el nivel de la sensibilidad consciente, ha estado desde entonces durante siglos viviendo en la llanura. La llanura rumana siente una profunda nostalgia por la plaï”.

Esta nostalgia por el horizonte espacial que el alma rumana guarda en la memoria se llamador, palabra rumana tan intraducible correctamente en francés como el alemán sensuchto como portugués saudade para evocar términos propios de cada uno de los pueblos interesados. La Edad de Oro constituye el núcleo espiritual de la existencia orgánica del rumano. “Un rumano firmemente unido por sangre y alma a la matriz de su etnia podría muy bien forjar su filosofía existencialista de tal manera que la máxima expresión de la sustancia humana heideggeriana se identifique plenamente con el dor. El oro sería, por tanto, en tal caso, la hipóstasis rumana de la existencia humana”.

En el plano filosófico, estamos aquí en las antípodas de un reduccionismo homogeneizador porque es universalista (el ciudadano del mundo, por ejemplo) o ambientalista (el hombre es un simple producto pasivo del medio ambiente) o incluso materialista mecanicista (la base económica produce la superestructura sin que se analicen claramente sus relaciones mutuas). De esta manera, se ilumina tanto la teoría del espacio cultural de la etnia rumana como la de la supremacía de lo espiritual sobre lo material, especialmente en lo que respecta a las producciones culturales e ideológicas. “La visión espacial no puede ser un simple diagrama del paisaje… En el análisis final, debe ser un reflejo de ciertas profundidades del alma o algún tipo de transmisión de nuestro primer trasfondo espiritual en el plano de la imaginación”.


Y “el horizonte que refleja una canción hay que buscarlo más en el alma humana que en el paisaje”. Lo espiritual, por tanto, no es un reflejo del mundo material (aporía del materialismo mecanicista) sino una lectura y apropiación del mismo desde su “esencia original”, una verdadera proyección mítica de la etnia sobre la tierra que habita. En cuanto a la etnicidad en sí, es difícil definirla. Los determinantes raciales e idiomáticos son reales, sin embargo, la conciencia étnica está sujeta a una serie de influencias e interferencias espirituales que se remodelan constantemente a lo largo de la historia.

Por ejemplo, “como los rusos, los rumanos también se encuentran en una situación de permeabilidad fronteriza que los convierte en deudores de Occidente”. No obstante, la teoría de Blaga puede explicar la etnicidad, ya que expresa una serie de “categorías de abismo” estructuradas de manera similar dentro de un grupo étnico que proporcionan una matriz estilística claramente identificable. El individuo disfruta obviamente, gracias a sus peculiaridades, de una relativa autonomía con respecto al grupo, esto según sus propias categorías abismales.

El significado de la cultura

Finalmente, la complejidad de la conciencia étnica es simplemente la complejidad del significado del fenómeno cultural. Esto da testimonio de una mutación ontológica.

La cultura no es el simple resultado del desarrollo biológico de la especie humana, como tampoco es un simple fenómeno de ornamentación superflua de la condición humana. Es la existencia humana misma, es decir, un modo de existencia que está en discontinuidad con los otros modos de existencia presentes en la naturaleza.

Estos diversos modos de existencia son pocos en el cosmos, pero agrupan millones de seres orgánicos o inorgánicos si contamos el número de especies y géneros. Las especies animales, independientemente de su origen y sus mutaciones biológicas, representan, no obstante, “un solo tipo ontológico” porque todas existen individualmente y para la seguridad de la perpetuación de la especie como tal. El hombre también existe en otro plano, estableciendo una distancia con respecto a la inmediatez, permitiéndonos hablar de una mutación ontológica.


El sentido metafísico de la cultura expresa la existencia del hombre en lo que el filósofo llama “el horizonte del misterio” que debe encontrar su culminación “con la existencia para la revelación”. Esta proposición metafísica corona el edificio filosófico construido por el autor. Es permisible leer sus demostraciones en la matriz estilística independientemente de esta idea, sin embargo, esta última da cuenta de las condiciones de posibilidad de la existencia del estilo – privilegio del hombre – y también justifica la existencia de la diversidad étnico cultural.

La base de esta proposición se establece desde un punto de vista gnoseológico: digamos que el hombre es excluido del conocimiento absoluto por el efecto de una censura trascendente que actúa a nivel metafísico, conceptualizado como la eficiencia del ” Gran Anónimo” o en otras palabras “el Absoluto, Dios, el Único, el Principio…” (5).

De hecho, un hombre en un estado de búsqueda perpetua trata de hacer que su conocimiento sea adecuado para su objeto sin tener nunca éxito absoluto. Al hacerlo, desarrolla constantemente la idea de misterio, tratando de revelar la esencia de la trascendencia, pero de manera negativa. “Para mantener y garantizar el equilibrio existencial del mundo, el Gran Anónimo se protege a sí mismo, y con él a todas sus criaturas, contra cualquier intento del espíritu humano encaminado a una revelación positiva y absoluta de los misterios”.

Paradójicamente, lo que metafísicamente podría pasar por una deficiencia se convierte en una “razón de ser” ya que, a través de sus capacidades cognitivas, el hombre desarrolla la idea de misterio de múltiples formas (ciencia, filosofía, etc.). Junto con esto, la espontaneidad creativa humana también está sujeta a un control trascendente similar. Porque el hombre no puede crear en el plano del Absoluto (que ya da cuenta de la diversidad de estilos culturales), pero de esta manera su destino es creativo ya que va más allá de lo inmediato a través de sus producciones estilísticas. Finalmente, la creación cultural es un compromiso entre la existencia humana y el Gran Anónimo.

“Las categorías abismal y estilística son las instancias decisivas en el desarrollo de tal compromiso. Según el creador individual, según el pueblo, el ámbito de la cultura, el tiempo, este conflicto virtual entre la existencia humana y el Gran Anónimo será objeto de un compromiso diferente. Incluso se podría argumentar que, desde un punto de vista espiritual, la personalidad individual o étnica consiste en un acuerdo o compromiso especial entre la existencia humana como tal y el Gran Anónimo”.

En consecuencia, la identidad étnico-cultural está lejos de ser una ilusión o un mito arcaico pasado de moda si se quiere otorgarle un estatus razonablemente considerado y no usarlo en un sentido u otro en ‘instrumentalizar (racismo, globalismo, etc.) con fines ideológicos. Como prueba, Lucian Blaga completó con éxito la tarea de identificar la filosofía de la cultura de su pueblo y definir su matriz estilística, el corazón de su identidad étnica y cultural. En la visión espiritual del cosmocéntrico pueblo rumano florece esta búsqueda de identidad para redescubrir:

“Vivir en el pueblo significa vivir en el horizonte de lo cósmico y en la conciencia de un destino desde la eternidad […] el hombre del pueblo vive al ritmo del mundo entero, y por eso lo completo; mantiene una relación muy íntima con el Todo, en el continuo intercambio de misterio y revelación. El hombre de la ciudad, sobre todo si esta ciudad tiene las cicatrices de los tiempos modernos […] es el hombre de lo fragmentario, de lo relativo, de lo mecánicamente concreto; su existencia se desarrolla en un contexto de tristeza y lucidez superficial”.

Desde que se redactó este texto, Rumanía y Europa del Este, en general, se han visto superados por la modernidad; una apelación nostálgica a la Tradición no podría devolver el sentido de lo sagrado tal como pudo haber estado presente entre estos pueblos y en torno a los cuales otro rumano, Mircea Eliade, ha construido una obra fascinante. Sin embargo, la obra de Lucian Blaga sigue siendo un modelo de reflexión filosófica aplicable en su mente a los niveles histórico, etnológico y antropológico. Por supuesto, la idea misma de una nación rumana ya es producida por la modernidad, en este sentido la oposición a ella sigue dependiendo de ella. Pero más profundamente, la obra del filósofo rumano forma parte de las grandes cuestiones metafísicas sobre la cuestión de la creación, la existencia y la relación del hombre con ellas. Finalmente, nos muestra una manera de reflexionar sobre la naturaleza de los pueblos en general y de los europeos en particular, sobre su pasado, su posible futuro común en la construcción y sobre su espiritualidad.

Bibliografía:

LUCIAN BLAGA

Filosofía:

Trilogie de la connaissance.

Trilogie de la culture.

L’Etre historique.

Les différentielles divines. Ed. Librairie du Savoir.

Théâtre: L’arche de Noé. Ed. Librairie roumaine antitotalitaire.

Manole, maître bâtisseur. Ed. Librairie bleue.

Poésie: Le grand passage. Ed. Autres temps.

Algunos de sus poemas están traducidos dentro de «Anthologie de la poésie roumaine», p.434-447. Ed. Nagel

Notas:

1. Este último, un fuerte espíritu religioso, sin duda nacionalista intransigente, fue a menudo caricaturizado por sus oponentes, amalgamándolo pura y simplemente con el fascismo, un juicio un tanto apresurado. Recordemos que muchos legionarios rumanos, discípulos de Codreanu, fueron deportados por la Alemania de Hitler (prefirieron sacarlos de su país, no fueron asimilados por y para la colaboración) y solo fueron liberados in extremis para servir de carne para cañón frente al avance del Ejército Rojo hacia Rumanía…

2. Entre fascismo y comunismo, artículo póstumo publicado en La croisade du roumanisme n ° 25, 30 de mayo de 1935 (reproducido en Cahiers Panaït Istrati n ° 6, 1989, p.78).

3. Estas persecuciones se llevaron a cabo en particular en la prisión de Pitesti, por una camarilla de la que el régimen socialista se libraría más tarde durante un juicio, juzgando y condenando sus crímenes. Lea sobre este tema la aterradora historia autobiográfica de Grégoire Dumitresco, El Holocausto de las Almas.

4. El psicoanálisis freudiano solo ha dado una versión reductora, mutiladora y distorsionante de esta estructura.

5. Cabe señalar que, a nivel metafísico, la idea de principio y su manifestación no es incompatible con un politeísmo a nivel religioso o de valores: “Aunque en su forma manifestada, lo divino es necesariamente múltiple, en su esencia no puede ser ni uno ni varios. Por tanto, no se puede definir. Lo divino es lo que queda cuando negamos la realidad de todo lo que se puede percibir o concebir”. Alain Daniélou, Mythes et Dieux de l’Inde.

Fuente: http://rebellion-sre.fr/lucian-blaga-philosophe-de-lenracinement-et-de-la-transcendance/

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