Entrevista a Yohann Sparfell: el camino eurasianista

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera. Nuestro compañero Yohann Sparfell hace una contribución decisiva a la creación de una Cuarta Teoría Política Eurasianista en su primer libro, Res Publica Europae.

R / ¿Cómo define el pensamiento eurasianista?

Todo depende de cómo aborde este problema. Históricamente, el eurasianismo es ruso-euroasiático en esencia, es decir que este pensamiento es de interés primordial para este espacio geopolítico, y esto en relación con su singularidad cultural e histórica. Es cierto que el neo-eurasismo actual ha heredado mucho de este enraizamiento original, que en general es bastante normal y de esperar en pensadores rusos como Alexander Dugin. El eurasianismo de los pensadores rusos de nuestro tiempo es, por tanto, la expresión intelectual, con su metodología metapolítica y geopolítica, de una afirmación de lo que ellos mismos ven como la singularidad civilizacional del gran espacio ruso-euroasiático. Y esto en relación con otras civilizaciones que deben participar en la implementación de la multipolaridad, implementación que es parte de la dinámica propia de la idea euroasianista.

Pero también se puede abordar la cuestión del pensamiento euroasianista desde un punto de vista esencialmente ideológico, es decir, la visión de un corpus de ideas que forman una doctrina filosófica y política coherente y completa, por lo tanto, teniendo la voluntad de ir más allá del marco original de la misma. Entonces, en este caso, este pensamiento puede interesar a todas las civilizaciones, incluida la nuestra. Y a partir de ahí, se trata de apropiarse de sus principios doctrinales para, a nuestra vez, poder afirmar nuestra civilización a los ojos de los demás. De hecho, se trata sobre todo de permitir que la civilización europea se afirme y, al mismo tiempo, traspasar las ideologías heredadas de la Modernidad, de las que sólo podemos ver hasta qué punto consiguieron encerrarla en aporías autodestructivas. El neoliberalismo es su último avatar y posiblemente el más dañino en muchos sentidos. En definitiva, para nosotros el pensamiento euroasianista no puede liberarse de un proyecto propio de la Cuarta Teoría Política. También es el deseo de Dugin, cuando lanzó este vasto proyecto de la 4TP, ver que cada pueblo y civilización se apropia de él a su manera y de acuerdo con su propia naturaleza, su propia singularidad, su propia historia. El eurasianismo nació en Eurasia, pero tendrá que diferenciarse en tantas expresiones como singularidades culturales e históricas haya en este vasto conjunto y, en particular, en lo que a nosotros respecta, en su extremo occidental. Tendremos que enraizar este pensamiento en la excepcionalidad de nuestra tierra, porque esta es la condición primordial de la que solo puede jugar su efecto regenerador.

R / ¿Cuál sería la unidad cultural de este vasto conjunto?

No podríamos hablar de unidad cultural porque en realidad no existe a nivel de toda Eurasia. La única unidad de la que podríamos hablar es una unidad geoestratégica que une a los pueblos y la civilización en relación con otros continentes, pero especialmente en relación con lo que Carl Schmitt había llamado las fuerzas talasocráticas (las fuerzas “líquidas” de las naciones marítimas, en particular las anglosajonas y liberal). Es el regreso, aquí a una determinada forma de telurocracia (dominación terrestre y espacial, íntimamente ligada al “habitar” de este espacio), desde allá hasta otra, que, en su totalidad, nos invita a considerar el conjunto como un marco inmenso donde se juega un entendimiento y una armonización de varias fuerzas, pero sin embargo unidas por un mismo sentimiento de arraigo y desarrollo de sus propias potencialidades. Dicho esto, a este nivel se puede legítimamente, en mi opinión, plantear la cuestión de la proximidad cultural entre Rusia y el resto de Europa. Y digo “el resto”, porque pienso por mi parte que Rusia puede ser parte integral del espacio civilizatorio europeo en cuanto a qué en base a lo cual se puede hablar precisamente de civilización europea, es decir, eso que llamé en mi libro Res Publica Europae, humanismo europeo original. Pero también puede, dicho esto, elegir otro camino, a la luz de una singularidad civilizacional que podría “leerse” a través de sus contribuciones culturales, espirituales, históricas y étnicas, tanto asiáticas como europeas. En cualquier caso, corresponderá exclusivamente al pueblo ruso, así como a los demás pueblos que forman su “periferia” (Bielorrusia, Ucrania, Georgia, Armenia, etc.), decidir su relación más o menos profunda con el futuro de Rusia. La civilización europea de acuerdo con lo que sentirán históricamente, y posiblemente siempre cultural y espiritualmente, una participación íntima en ella o, si no, en la constitución de lo que entonces se puede llamar civilización euroasiática.

En el caso de que se afirme esta segunda posibilidad, los europeos tendremos que asegurarnos de que esta probable unidad de civilización ruso-euroasiática siga siendo un socio privilegiado de la integración geoestratégica, como mencioné en la pregunta anterior, en el vasto continente-mundo euroasiático. ¡Su posición geográfica nos lo impone! Un buen sentido económico, también, para el resto… (alguien como Robert Steuckers nos explicó esto lo suficiente, citando tanto la economía como la historia, la espiritualidad o simplemente nuestros propios intereses geopolíticos). Pero, en cualquier caso, primero tendremos que, y esto debe entenderse, liberar a Europa de los dolores del liberalismo, la única ideología de la Modernidad que continúa hoy en su forma posmoderna y totalitaria como neoliberalismo. Por tanto, debemos ponernos manos a la obra en la elaboración de una Cuarta Teoría Política enraizada en el humus singular del sustrato europeo. Debemos esforzarnos por comprender la originalidad verdadera de nuestra ancestral Kultur europea, porque es a partir de esta originalidad que podremos “habitar” nuestra tierra común una vez más y definir allí nuestro Bien Común.

R / Más allá de un posicionamiento geopolítico, ¿cuál sería el modelo de sociedad apoyado por los eurasianistas?

Es una gran pregunta y será difícil contestarla en una entrevista. Bueno, para intentar no obstante proporcionar algunos elementos principales de una respuesta y al mismo tiempo abordar lo que me parece el aspecto más importante de este tema, voy a retomar el concepto heideggeriano de “habitar” un lugar dado. No me molesté en ampliar en mi respuesta a la pregunta anterior, ni en mi libro. En este último, al comienzo del capítulo sobre la autosuficiencia, hablo del Logos, pero estas dos cosas están realmente relacionadas porque determinan cómo vivimos como seres humanos en relación con lo que nos rodea y que, gracias a estas nociones, tienen sentido, es decir, significan algo para nosotros en un mundo que es nuestro. Si utilizamos la terminología heideggeriana, el hecho de “vivir” en un lugar determinado, por lo tanto, no en ninguna parte de la forma bohemia del posmodernismo, está ligado a la acción que consiste en “decir”, es decir en extender frente a nosotros todo aquello que nos concierne, como “cosas” pero no como objetos, y que estructuran nuestro mundo en tanto que es singularmente nuestro mundo y que responde así a nuestras propias preocupaciones de ek-sister (poner en movimiento). Esto no es ni más ni menos que redefinir la existencia a la luz de este imperativo humano, y el modelo de sociedad sostenido por el pensamiento euroasianista es, en este sentido, más bien una dinámica de recurso a principios atemporales que deberán volver a comprometernos en el camino de la armonía con nuestra naturaleza profunda, la que inspira nuestro “estar-ahí”. Diría algo muy simple sobre esto: ¡nuestras vidas deben encontrar sentido! En otras palabras, debemos ser capaces de construir un significado a nuestras ek-sistencias por nuestra cuenta. Y para eso será fundamental que sepamos reconocernos, tanto a nivel de la persona como de los pueblos y de toda nuestra civilización. Es la dinámica del Dasein, del ser autónomo que se afirma en simbiosis con lo que perdura como su mundo, frente a la deconstrucción metódica del mundo europeo que hoy, lo sentimos, llega a su fin y ya no puede ofrecer ningún horizonte, ningún sentido a los hombres ni a los pueblos. Las tres ideologías del pasado no han logrado ofrecer a los hombres una elevación del espíritu que pueda darles un entusiasmo salvador (ser salvo es ser confirmado en la propia ek-sistencia). No es que no intentaran alcanzar este ideal, pero el tema en el que cada uno de ellos se basó para recrear valores (de clase, de raza o de individuo) derivó hacia una forma u otra de masificación en la que finalmente se ahogaron las personalidades, en lugar de poder afirmarse en ella. La vida de un hombre es corta y se le debe otorgar el poder de realizar su personalidad, de lo contrario es probable que se embarque en caminos inspirados por el resentimiento y el disgusto. Ésta es una lección que tenemos que aprender. Por eso el Dasein es el nuevo sujeto del eurasianismo, de una Cuarta Teoría Política cuyo corazón nuclear, si se me permite decirlo, es el deseo de autonomía, es decir, el deseo de determinar por sí mismo y a través de reconocimiento por parte de otros de la forma en que se participa libremente, en el sentido no liberal del término, en el Bien Común. Para emprender el camino de una sociedad completamente nueva, tendremos que definir un nuevo sujeto, y éste tendrá que encarnar, en la antítesis del individuo ocioso del liberalismo cuya licencia infinita no podría conducir más que en su triste decadencia, a una afirmación repetida y singular del Bien Común, o si se quiere, para cada uno a su manera, en la voluntad de elevar cada vez más la fuerza y ​​la singularidad de las comunidades en las que participará y quien la apoyará, a través de su libertad y la elevación de su propia fuerza y ​​singularidad. Este proyecto social vuelve al hombre tal cual es, a la realidad de su condición, a la necesidad de tener en cuenta la diversidad y desigualdad de sus capacidades, y sobre todo a la necesidad de armonizar los antagonismos que no dejan de surgir de esta diversidad y esta desigualdad a través de la justicia y la autoridad. Este proyecto es finalmente abrir nuestros ojos a la realidad humana y convertirla en algo habitable y deseable para todos los que vienen después. Finalmente, este proyecto eurasianista de la sociedad también, es especialmente debido a lo que pude decir anteriormente, está realmente enraizándose en un espacio de civilización histórica, cultural y espiritualmente único para extraer su savia de él, de nuestra propia visión del mundo, es decir, la Europa en lo que a nosotros respecta, un cierto tipo de humanismo que hace de mi lectura del eurasianismo sea una lectura típicamente europea, y no otra cosa.

Entonces, por supuesto, un proyecto social enfocado en la autonomía espiritual de la persona implica necesariamente, por un lado, una dinámica de intensificación de la autonomía institucional, económica (localismo), monetaria, entre otros, y de otra, una profundización espiritual de la visión del ser humano como máxima manifestación divina en el mundo visible, con el principio de igualdad frente a la dignidad que de él se deriva. Tendremos, por tanto, que reconquistar las condiciones que nos permitan alcanzar una armonía simbiótica, es decir una autonomía, dentro de un espacio concéntrico cuyo corazón será el nuestro en el fondo de nuestras ek-sistencias; una autonomía que, al mismo tiempo, nos hará ir más allá de la regla primitiva de la explotación humana a través del trabajo. Este es el objetivo de un mayor desarrollo de un 4TP para la Europa del futuro.

R / ¿Cuáles son las fuerzas impulsoras de una visión euroasianista en la actualidad?

Las llamadas fuerzas “populares”, que algunos llaman populistas, porque llevan dentro de ellas un formidable deseo de vivir multiplicado por la diversidad a través de la cual se manifiesta este deseo. Si, por supuesto, estas fuerzas no se dejan engañar por los espejismos consumistas y propagandistas de un régimen que equilibra la represión y el manejo de la zanahoria. Estas fuerzas podrían haber sido los chalecos amarillos, podrían ser de muchas otras formas, pero creo que la duda está bien establecida ahora, y el disgusto se arrastra sin remedio entre la gente buena. El tiempo se acaba, y quienes tienen la capacidad de pensar y las ganas de ser tienen hoy el deber de relacionarse con lo real e inventar valores más apasionantes que los, ahora decepcionantes, del pasado. Se necesitan guías, porque los tiempos son más confusos. Y una investigación sobre una 4TP para Europa se convierte en este sentido en una emergencia, un anteproyecto que tendremos que implementar rápidamente de forma conjunta en torno, por ejemplo, a las pocas nociones que he comentado aquí y que aborda con más detalle en mi libro, pero también muchos otros que estarán en manos de otras personas para abordarlos a su manera.

Leer:

Yohann Sparfell, Res Publica Europae, Editions Ars Magna, Novembre 2019.

Fuente: http://rebellion-sre.fr/entretien-avec-yohann-sparfell-la-voie-eurasiste/

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